viernes, 13 de diciembre de 2013

El hundimiento de la Mesta

El Honrado Concejo de la Mesta fue la institución que, desde el año 1273, representaba los intereses de los ganaderos trashumantes de la Corona de Castilla. Estuvo, desde el principio, en el punto de mira de ilustrados y liberales, que vieron en sus privilegios uno de los mayores frenos al desarrollo agrícola del país. En consecuencia, la Mesta fue disuelta en 1836. Sin embargo, más allá de motivaciones ideológicas, la crisis que terminó con ella tiene unas potentes raíces económicas que se deben buscar en el siglo XVIII. 

El Honrado Concejo

Alfonso X, bajo cuyo reinado se inició la Mesta.
El origen de la Mesta se sitúa en la época medieval, momento en que se configuró el sistema de aprovechamiento ganadero trashumante y trasterminante que perviviría hasta el siglo XIX. La mecánica de este sistema es bien conocida: los rebaños se desplazaban en invierno hacia el sur y en verano hacia el norte en busca de los pastos necesarios para su subsistencia. Se seguía para ello todo un sistema de vías pecuarias que, en parte, han pervivido hasta hoy.

Aunque la Mesta no estaba compuesta en su totalidad por grandes propietarios de rebaños, lo cierto es que los sectores privilegiados de la sociedad feudal -nobleza e iglesia- se encontraban entre los mayores ganaderos del reino. No puede olvidarse que el Antiguo Régimen era un sistema político basado en el privilegio, en la desigualdad sancionada por la ley. Por tanto, es lógico deducir que estos dos grupos de propietarios tuvieran un enorme peso a la hora de hacer valer sus intereses. Se configuraron así los famosos privilegios de la Mesta que tantas críticas suscitaron más adelante. ¿Cuáles fueron?

Los grandes rebaños de ovejas merinas necesitaban amplísimos terrenos de pastos para sobrevivir. Esto no debió presentar mayor problema en los primeros momentos, porque las densidades de población tras la Reconquista fueron muy bajas en la mayor parte de las principales áreas de pastos (por ejemplo, gran parte de las actuales Ciudad Real y Extremadura). Sin embargo, conforme aumentaba la población y era necesario roturar más terrenos para alimentarla, fueron apareciendo los privilegios encaminados a conservar el sistema de la trashumancia. La explicación no es solo política. Por supuesto, los grandes propietarios de ganado estaban muy interesados en mantener los pastizales. Pero, además, la exportación exterior de lana era una actividad económica esencial para la Corona de Castilla. Es normal que la Corona legislara para protegerla.

Se pueden resaltar dos privilegios:

1. La prohibición de reducir a cultivo gran parte de las dehesas y tierras de pastos en que se alimentaban los ganados trashumantes.

2. La fijación de un tope máximo para el precio del arriendo de pastos.

Estas dos medidas, muy características de un tipo de economía no basada en los principios del libre mercado sino en el privilegio, permitían a los ganaderos dos cosas: asegurarse los suficientes terrenos de pastos para sus rebaños y poder adquirirlos a un precio que estaba fuera del juego de la oferta y la demanda. Como era de esperar, los conflictos relacionados con los pastos fueron moneda común en la Edad Moderna y nuestros archivos están llenos de pleitos por todo tipo de actividades relacionadas con el mundo pecuario.


El agotamiento del sistema

Escudo de la Mesta.
Sin embargo, el sistema no tocó techo hasta la segunda mitad del siglo XVIII. Tras la profunda crisis del XVII, la población española comenzó a crecer, tanto que se había duplicado para los años 1790. Parece que las zonas del interior, aquellas donde tenía lugar la trashumancia, fueron de las que más crecieron. La consecuencia es clara: a más población, más necesidad de alimento. Y solo había dos formas de conseguirlo. La primera, a través de la mejora técnica o la intensificación, que entonces era inviable. La segunda, a base de extender los terrenos cultivados. Esta fue la opción que se adoptó.

Hay que recordar que los mejores terrenos de pastos, susceptibles de ser puestos en cultivo, tenían prohibida la roturación. Si a esto se añade que las mejores tierras ya estarían cultivadas, parece obvio que las nuevas tierras cultivadas habrían de ser de peor calidad. Así, nos encontramos con la secuencia siguiente:

1. Incremento de la demanda de cereales.

2. La oferta no puede adaptarse con rapidez a la demanda. Extensión de los cultivos en tierras peores: más trabajo y menos productividad, rendimientos decrecientes.

3. Resultado: aumento del precio de los granos, sobre todo de los cereales panificables (trigo).

¿En qué medida afectó la subida del precio del cereal a los ganaderos mesteños? Se debe buscar la respuesta en el comportamiento de los propietarios de las dehesas. Esta gente veía cómo se estaban incrementando los beneficios de las tierras cultivadas. Puesto que no podían reducir a cultivo las suyas, la opción que les quedaba (siempre dentro de unos límites, pues los privilegios mesteños también regulaban esto) era subir el precio de los pastos. Por tanto, si los ganaderos tenían que comprar el pasto a un precio más alto pero la productividad de sus explotaciones era la misma, los beneficios disminuían.

Además, las nuevas ideas que se extendieron por Europa con la Ilustración, en especial la fisiocracia, veían en la agricultura el principal motor de la riqueza de un país. Los ilustrados, con Jovellanos a la cabeza, se lanzaron a criticar los privilegios de la Mesta, que no permitían poner en cultivo amplios terrenos de pastos, limitando así las posibilidades del crecimiento económico. Sin embargo, aparte de algunas medidas menores, la crítica ilustrada no se transformó en cambios sustanciales. Cosa lógica, porque ello hubiera supuesto atacar los privilegios de nobleza e iglesia, las dos patas sociales en las que se apoyaba el Absolutismo y cuyo desmantelamiento hubiera supuesto el fin del propio sistema. Que fue lo que pasó en el siglo XIX.


La crisis definitiva

La promulgación de la Constitución de 1812
(Salvador Vinuerga).
Las Cortes de Cádiz (1810-1814) son la partida de nacimiento de la revolución liberal española. Como sus hermanas europeas, quería acabar con el feudalismo y sustituirlo por los principios liberales tanto en lo político (fin de los privilegios estamentales, división de poderes, parlamentarismo, igualdad ante la ley...) como en lo económico (capitalismo y libre mercado). Ahora sí, el ataque a las bases que sustentaban el sistema de la Mesta fue total y absoluto. No es de extrañar que los grandes ganaderos se pusieran del lado de la reacción absolutista posterior. 

Para resumir, el programa liberal con respecto a la tierra era liberarla de todas las trabas y servidumbres que había tenido durante el Antiguo Régimen. Se eliminarion los privilegios feudales, pero también se atacaron los usos comunales, lo que motivaría la aversión de una parte del campesinado a la revolución y se traduciría en el apoyo al carlismo. Los terrenos de propios, comunes y baldíos, que hasta estaban amortizados (es decir, no podían venderse), salían ahora al mercado. También se consolidó la iniciativa individual sobre la tierra y se eliminó la prohibición de roturar. En definitiva, se trataba de introducir las relaciones de mercado en el campo, crear un amplio mercado de tierras y potenciar el crecimiento económico. La consecuencia fue el desmantelamiento de los sistemas agrarios tradicionales, hecho de primera magnitud que va mucho más allá del fin de la trashumancia. 

Por lo que a nuestro tema respecta, si ya a finales del siglo XVIII las explotaciones trashumantes redujeron sus beneficios por el alza de los precios del pasto, con la nueva coyuntura entraron directamente en pérdidas. La crisis era imparable, y a ello ayudaron dos factores: la guerra y el hundimiento de los precios de la lana en el mercado exterior. Ambas están muy unidas.

La situación para el comercio exterior de la lana merina española fue inmejorable durante el período 1800-1820. Desde siempre, el mercado europeo había tenido en mucha estima las lanas españolas, y esta tendencia se incrementó a partir del desarrollo de la revolución industrial inglesa, cuyo primer bastión fue la industria textil. Sin embargo, este mismo éxito dio lugar a dos hechos que provocaron la pérdida de la preeminencia española en este mercado:

1. La exportación de lana de peor calidad para cubrir la demanda hizo que los precios bajaran.

2. La aclimatación, e incluso mejora, de la oveja merina en otras zonas que querían emular el éxito español. Fue significativo el éxito que en este empeño alcanzó Sajonia. El mercado se diversificó y los ganaderos españoles perdieron su liderazgo.

El dos de mayo de 1808 en Madrid (Francisco de Goya)
Ambas medidas se vieron agravadas por el impacto de la Guerra de la Independencia (1808-1814). La cabaña ganadera sufrió enormes pérdidas: parte del ganado se utilizó como alimento, parte se perdió, parte fue usurpado por los antiguos pastores y otras personas, que ahora se convertían en propietarios. Los ganaderos perdieron el control de sus ganados, que a veces se encontraban muy lejos debido a la lógica de la trashumancia. Mucha nobleza ganadera se arruinó a lo largo de este proceso. El flujo de comercio exterior se vio alterado por la guerra. Además, otro hecho de primera magnitud vino a dar la puntilla a la desastrosa situación: la exportación de ovejas y carneros merinos por parte de ingleses y franceses con la intención de aclimatarlos en sus respectivos territorios. El capítulo de la hegemonía lanera castellana en Europa tocaba a su fin.

Las restauraciones absolutistas de 1818-1820 y de 1823-1833 trataron de eliminar la legislación liberal antimesteña; pero fue en vano. La crisis de la trashumancia era estructural y profunda. En el siglo XIX, la ganadería entró en un profundo proceso de reestructuración, en el que fue cobrando cada vez mayor importancia el ganado estante combinado con la extensión de los terrenos cultivados. El 31 de enero de 1836 desparecía definitivamente el Honrado Concejo de la Mesta.


Para saber más...

GARCÍA SANZ, A.: "La agonía de la Mesta y el hundimiento de las exportaciones laneras: un capítulo de la crisis económica del Antiguo Régimen en España", en Agricultura y Sociedad, n. 6, 1978, pp. 283-356.

KLEIN, J.: The Mesta. A study in Spanish economic history, 1273-1836. Harvard, 1920. (De este clásico hay edición y reediciones en español. He puesto la versión inglesa porque está el texto completo en pdf).

LÓPEZ-SALAZAR PÉREZ, J.: Mesta, pastos y conflictos en el Campo de Calatrava durante el siglo XVI. Madrid, CSIC, 1987.

RUIZ MARTÍN, F., GARCÍA SANZ, A.: Mesta, trashumancia y lana en la España moderna, Crítica, Barcelona, 1998.

3 comentarios:

  1. Siempre me llamó mucho la atención la influencia que tenía el mercado de la lana en la historia de España, pero es realmente curioso que la Mesta sobreviviera incluso como "lobby" hasta bien entrado el XIX. No sé si es cierto, pero mis profesores me transmitieron el reproche histórico hacia nuestros antepasados de no ser capaces de desarrollar una industria textil asociada a la lana de oveja merina, limitándose a exportar la materia prima. ¿Qué hay de esencia española, del "que inventen otros" en esta dejadez?

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  2. Buena pregunta. El reproche de tus profesores tiene que ver con la manera de entender la historia que tenían los noventayochistas. La pérdida de Cuba y Filipinas, que no fue tan grave en lo económico, desencadenó una auténtica catarsis colectiva entre los intelectuales de fin de siglo. A todos les dolía España y todos se lanzaron a buscar las causas de la presunta decadencia, atraso, o singularidad española.

    Para no salirme del tema, no creo que el factor psicológico tenga mucha potencia explicativa. No se sostiene que nuestros antepasados fueran más vagos o más tontos que los de otros países. Las causas son económicas: la exportación de lana no es incompatible con el desarrollo de una industria pañera nacional.
    Es cierto que la lana era la partida más importante en las exportaciones castellanas. Pero al ver los porcentajes porcentajes, nos llevamos la sorpresa de que no se exportaba tanto. Por ejemplo, en 1750 se exportaba solo el 25%. El resto se manufacturaba en talleres españoles. Así que no es cierto que en España no hubiera industria pañera: la había, con centros muy potentes, como Segovia.
    En cualquier caso, la exportación de lana era racional económicamente porque su precio era comparativamente inferior al de los demás países europeos. Por dos causas:

    1. Ventajas del medio natural: Gracias a su gran extensión de pastos, la Península Ibérica era una zona muy propicia para criar ovejas en régimen extensivo y a bajo precio.

    2. Marco institucional: Los privilegios de la Mesta reducían aún más los costes de producción. Era muy barato para los ganados trashumantes transitar de un sitio a otro usando las cañadas. Además, también se controlaban los precios de los pastos.

    Si juntas las dos, obtienes una ventaja competitiva considerable frente a otros competidores. A la inversa, los países a los que exportábamos tenían menores costes de producción en el textil, y por eso los productos acabados en otras zonas seguían siendo competitivos aunque volvieran a venderse en España. La mayor parte del encarecimiento, por cierto, era debido a los impuestos y no al transporte.
    Si aún así te preguntas por qué no se quedaba toda la lana en España para poder aprovechar todos los beneficios, la respuesta es más complicada y no me parece que haya consenso claro entre los especialistas. En el artículo que he leído para documentarme se dice que los costes de producción de los tejidos españoles era más caro por tres razones:

    1. El atraso tecnológico con respecto a los países de nuestro entorno (y aquí cabría preguntar una vez más: ¿por qué?)

    2. La organización en verlagssystem en vez de en fábricas centralizadas. La mayoría de los tejidos eran confeccionados en las casas de los artesanos, lo que facilitaba el fraude y hacía que la calidad de los productos acabados no se correspondiera con la calidad de la lana entregada.

    3. Salarios superiores a los europeos. Hay muchísimas dificultades para probar estas cosas, pero la teoría es que, al ser nuestra agricultura menos productiva (de nuevo: ¿por qué? Hay casusas climáticas de peso), cuesta más producir los alimentos y hay que pagar más al trabajador textil. En la misma dirección apuntaban los altos impuestos castellanos, que se quedaban con buena parte de los salarios.

    En cualquier caso, el grueso de la demanda nacional era cubierto con producción nacional. Ten en cuenta que no solo había oveja merina de lana fina, sino también churra, de lana más basta, que se usaba para fabricar sombreros, tapices y otras prendas. En general, las prendas manufacturadas en el extranjero que seguían siendo competitivas en España eran las de mayor valor añadido, es decir, las más finas.

    Sé que tu pregunta sigue sin contestar, pero espero haberte aclarado algo las ideas. Si quieres profundizar, puedes leer esto: http://e-archivo.uc3m.es/handle/10016/1947

    Un placer verte comentar por aquí.

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    1. Vaya, esa sí que es una respuesta, has satisfecho totalmente mi curiosidad. Entiendo que no puede haber explicaciones para todo, pero al menos está bien corregir ciertos mitos que uno tenía adquiridos.

      Un saludo

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