domingo, 19 de enero de 2014

Reapertura de Altamira

"Después de Altamira, todo es decadencia"
(Pablo Picasso)

Sala de los polícromos. (Fuente)
Nos enterábamos ayer en las noticias que va a iniciarse un programa experimental de visitas en la cueva de Altamira (Santillana del Mar, Cantabria), para ver cómo afecta la presencia humana a las condiciones de conservación de las pinturas. Serán visitas de 37 minutos, de seis personas a la semana: cinco elegidas al azar entre los visitantes del museo, más un guía. Todos tendrán que llevar guantes, mascarillas y ropa especial para no contaminar el entorno. Una vez concluido este programa, se estudiarán los resultados para valorar si la cueva puede volver a abrirse al público, eso sí, de forma restringida.

Hagamos un poco de Historia. Las pinturas de Altamira fueron descubiertas por Marcelino Sanz de Sautuola (o su hija, según se cuenta) en 1879. Por entonces, el estudio de la Prehistoria estaba todavía muy poco desarrollado y los especialistas no creían que los "hombres primitivos" pudieran ser capaces de crear algo tan espectacular. En consecuencia, las pinturas se tuvieron por una falsificación y Sanz de Sautuola murió en 1888 sin ver reconocido su descubrimiento.

La situación cambió pocos años después, gracias en parte al descubrimiento de pinturas similares en Francia asociadas a restos arqueológicos inequívocamente prehistóricos. La fecha "oficial" del reconocimiento de Altamira por la comunidad científica es 1902, año en que Cartailhac, uno de los más reputados arqueólogos de su tiempo publicaba el famoso artículo "La grotte d' Altamira. Mea culpa d'un sceptique" ("La cueva de Altamira. Mea culpa de un escéptico"), donde reconocía la autenticidad de las pinturas. Desde entonces, su popularidad no ha dejado de crecer.

Con el paso del tiempo se vio que la masiva afluencia de visitantes (hasta 170.000 personas al año en la década de los 70) era perjudicial para la conservación de las pinturas. Si estas se mantuvieron intactas durante 14.000 años (que es la edad estimada para los famosos "bisontes", aunque en la cueva hay representaciones más antiguas) fue gracias a un desprendimiento que se produjo hace 13.000 años en la entrada. Se creó así un entorno pobre en nutrientes y con poco contacto con la atmósfera exterior. Todos estos parámetros se desestabilizaron en el siglo XX: la cueva se abrió y acondicionó, se crearon infraestructuras en el interior y se iluminó con luz artificial. Las consecuencias negativas para las pinturas fueron:

1. Aumento de la temperatura, humedad y CO2 debido a la presencia humana. Esto acelera la condensación y la corrosión de las rocas.

2. Aparición de microorganismos fototróficos en la "Sala de los Polícromos" y colonizaciones microbianas y de hongos directamente sobre las pinturas.

La cueva se cerró al público en 1977 para evitar el deterioro. Posteriormente fue abierta de nuevo, aunque con visitas restringidas, y volvió a cerrarse en el año 2002. Desde entonces, el entorno de la cueva está permanentemente controlado. La idea del cierre es muy lógica: puesto que si la cueva permanece abierta, las pinturas corren el peligro de desaparecer, la cerramos hasta que se pueda garantizar su integridad. Para que la sociedad pudiera seguir disfrutando de ellas, se creó la "neocueva" en el Museo de Altamira, justo al lado de la cueva original, que reproduce fielmente las pinturas.

No obstante, en los últimos años se ha avivado el debate sobre su reapertura. Es una cuestión compleja: por un lado, el patrimonio histórico artístico es una herencia común que debe poder disfrutarse. Por otro, en este caso particular, las pinturas corren un serio riesgo de desaparición si se reabren. En mi opinión, la cueva debería permanecer cerrada el tiempo que haga falta hasta que los técnicos den con una solución definitiva al problema. Para los demás, está la neocueva, que costó una pasta y que es como estar en Altamira. Por supuesto, la visita al museo nunca podrá compararse a la emoción de estar cara a cara con los bisontes reales; pero en este caso, creo que la conservación debe estar por encima del disfrute. El patrimonio histórico-artístico no es nuestro. Al igual que ocurre con el medio ambiente, tenemos la obligación de conservarlo y pasarlo a las generaciones futuras en el mejor estado posible. Por eso, si con los conocimientos actuales no estamos capacitados para garantizar la conservación de las pinturas, la cueva debe permanecer cerrada.

Pero, me diréis, ¿no van a ser visitas experimentales? ¿No van a ir los afortunados ganadores con gorro, guantes, batas y mascarillas? Pues sí. En principio, parece razonable. Yo no tengo ninguna formación en este tema; pero la sensación de que algo huele a chamusquina se debe a que he oído más de una vez a Miguel Ángel Revilla (presidente de Cantabria hasta 2011) decir que las cuevas tenían que abrirse porque no se las podía enseñar a la gente importante que quería verlas. Aquí están sus enternecedoras palabras:
“Altamira es un activo del que no podemos desprendernos. Cada personalidad que viene a Cantabria quiere visitarla. Tuve que decirle que no podía en su día a Jacques Chirac y hace poco a Calderón, el de México. Que no, que no había manera, así por lo menos podemos hacerlo. Yo sugerí el otro día que hasta podíamos invitar a Obama. Lo importante es que el símbolo lo pueda ver alguien.” (Fuente)
Me parece que este párrafo resume a la perfección el mayor peligro que corre Altamira: el de que su gestión se haga pensando en el prestigio político o el beneficio económico. ¿No da escalofríos eso de considerar la cueva como un "activo"? Altamira es uno de los yacimientos rupestres más importantes del mundo. Como tal, da mucho dinero. Es normal que los políticos (y no solo ellos) quieran verla abierta. Pero, además, se ve claro nuestro provincianismo. ¿Que viene Obama y quiere ver las cuevas? Pues mire, es que no son suyas y no se puede. Además, sería socialmente injusto, sería volver a tiempos que ya creíamos superados, eso de que la cueva estuviera cerrada para la plebe y abierta para los elegidos.

En fin, que yo no sé. Lo mismo este "experimento" está totalmente justificado y las cuevas pueden volver a abrirse con todas las garantías. Si así fuese, yo sería el primero en apuntarme para verlas. Pero me escama, me escama porque un grupo de ocho investigadores publicaron en 2011 un artículo en la revista Nature desaconsejando su apertura, y no creo que las cosas hayan cambiado mucho de entonces a ahora. El artículo se titulaba, por cierto, "Arte paleolítico en peligro: política y ciencia enfrentadas en la cueva de Altamira" y en él se afirmaba que "las investigaciones muestran la necesidad de conservar la cueva manteniéndola cerrada en el futuro próximo". No se puede ser más explícito.

Me cuesta creer que no haya un interés político o económico detrás de esta iniciativa. Ojalá no, ojalá me equivoque. Los profesionales que están a cargo de la conservación del patrimonio me merecen toda la confianza; pero en este caso me da que el desencuentro entre política y ciencia es bastante probable.

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ACTUALIZACIÓN: Minutos después de publicar esta entrada, la página de Facebook del Museo de Altamira publicaba la siguiente información:

"Tras la reunión del Patronato celebrada ayer en el Museo de Altamira, se ha informado del inicio de la segunda fase del Programa de Investigación para la conservación preventiva y régimen de acceso de la cueva de Altamira. El objetivo de esta fase es analizar el impacto que la presencia humana puede tener sobre la conservación de sus pinturas, y por ello se prevé realizar visitas experimentales. En ningún caso se trata de una reapertura, tal y como está apareciendo en algunas noticias de prensa, y es una actuación que estaba prevista desde el inicio del Programa. Las visitas experimentales serán definidas por el equipo investigador, siguiendo un protocolo determinado que permita realizar las mediciones necesarias para el objetivo de la investigación. Estaremos encantados de contestar a todas vuestras dudas."

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La noticia de la reapertura, en la prensa:

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