jueves, 20 de febrero de 2014

Reto: Keep calm and read in English 2014.



Estaba yo perdiendo el tiempo tan tranquilamente esta mañana, cuando el amigo @Trotalomas ("Andanzas de un Trotalomas") me puso al corriente del reto "Keep calm and read in English 2014" que organiza @IsiOrejas en su blog From Isi. Todo esto viene a que contaba en Twitter que quiero ponerme en serio una vez más con el inglés y que iba a empezar a leer The catcher in the rye cada mañana. El reto de Isi me ha parecido una manera genial de mantener la motivación, compartir impresiones y, en general, darle a la tecla. 

La mecánica es muy simple: el reto consiste en leer y reseñar 10 o 20 libros (según la modalidad que elijas) en inglés durante 2014. Según nos cuenta su creadora, vale cualquier libro, incluidos libros por niveles. El caso es echarle ganas. 

Yo he elegido el reto de los 10 libros, porque siempre me faltan horas en el día y sé que el de 20 no podría acabarlo ni de casualidad. Conforme los vaya acabando, escribiré las reseñas. Mañana mismo empiezo con The catcher in the rye. ¿Alguien se apunta?

domingo, 9 de febrero de 2014

Setas manchegas

Este año he pasado el otoño fuera y no he podido disfrutar de la temporada de setas en Ciudad Real. Para resarcirme un poco, voy a dedicar la entrada de hoy a enseñaros algunas fotos que hice en años pasados. Aunque a los que vivís en latitudes más húmedas os pueda extrañar, lo cierto es que en esta zona crece una gran variedad de setas a poco que llueva.

Uno de los géneros mejor representados es el de las amanitas. La Amanita phalloides es bastante común en tierras de encinas, jaras y alcornoques. El verde del sombrero, las láminas blancas, el anillo y la volva la hacen inconfundible. A mí me encanta verla, creo que es una de las setas más bonitas de nuestros montes. A veces se les quedan pegados restos del velo universal, como si fuera un trozo de clara de huevo a la plancha. Contiene amatoxinas para parar un carro y está implicada en la mayoría de las intoxicaciones mortales por hongos, así que se ve pero no se toca.

Amanita phalloides.
Junto con la phalloides y la cesarea (que no he visto aún), la Amanita muscaria es la más popular de todo el género. Inconfundible su sombrero rojo con puntitos blancos. Así son antes de abrirse. Fijáos en la cantidad de setitas pequeñas que están a su alrededor y las hojas muertas de jara pringosa entre las que crece:

Amanita muscaria sin salir del cascarón.
Y aquí, una vez abierta:


Si se busca con un poco de calma, es fácil encontrar ejemplares preciosos como este:

Elegante muscaria en todo su esplendor.
Son famosos los efectos alucinógenos que provoca la intoxicación con esta seta, debido a un compuesto llamado muscimol. Sin embargo, su contenido en muscarina es bastante bajo comparado con otras especies del género Inocybe o Clitocybe. 

La Amanita pantherina (ver foto de abajo) es parecida a la muscaria; pero se diferencia fácilmente por el color marrón del sombrero. Además, es más tóxica que su prima. De cualquier forma, es preciosa.

Dos Amanita pantherina sobre una alfombra de musgo.
La Amanita citrina, que también se cría por aquí, tiene cierto parecido con la phalloides, aunque es más amarillenta tanto en la cutícula como en la carne (la carne de la phalloides es blanca) y suele tener restos del velo universal en manchitas, como la muscaria.
Amanita citrina.
Y para acabar con el género, un pequeño ejemplar de Amanita Crocea:

Amanita crocea.
Una de las cosas más curiosas que vi fue este boleto, que no soy capaz de identificar, completamente recubierto de un hongo blanquecino, como una especie de moho. Al cortarlo por la mitad se apreciaban manchas amarillas. Mirad:



En el mismo suelo abundan los Cortinarius trivialis, inconfundibles por la gelatina que recubre el sombrero y la "cortina" que muestran cuando se están abriendo.

Cortinarius trivialis.
La naturaleza nos ofrece maravillas a todas las escalas. Las pequeñas clavulinas son una de esas setas que no llaman la atención, porque son pequeñas, no se comen y no tienen la espectacularidad de sus hermanas mayores. Pero, si uno se para a mirar, descubre un ser vivo tan bello que puede medirse con quien sea. Y a las pruebas me remito:

Clavulina sp. (¿rugosa?)
¿Y qué me decís de estas Mycena seynii? Crecen en las piñas y son tan delgaditas que, cuando les da el sol, casi se transparentan.

Mycena seynii.

Mycena seynii.
Otro habitante de los pinares es la Gymnopilus spectabilis o "seta de la risa". Llegan a ser gigantescas y crecen asociadas a tocones de pino. Es poco común, y menos en estas latitudes. Provoca intoxicaciones alucinógenas.

Gymnopilus spectabilis.
Termino este pequeño recorrido con una Macrolepiota procera que crecía delante de una zarzamora. 

Macrolepiota procera.

Y abajo el making-of. Esta foto me la hicieron a traición y verla me hace reflexionar seriamente sobre mi salud mental, pero en fin...

Servidor fotografiando setas.

domingo, 2 de febrero de 2014

Un paseo por Peña Escrita.

"¡Oh vosotros, quienquiera que seáis, rústicos dioses que en este inhabitable lugar tenéis vuestra morada: oíd las quejas deste desdichado amante...!"

(Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha)


Hay quien ha querido ver en estas palabras de Don Quijote la primera referencia a las pinturas rupestres de Peña Escrita, ubicadas en el actual término municipal de Fuencaliente (Ciudad Real), en plena Sierra Madrona. Yo no sé si es verdad, pero me gusta imaginarlo. En cualquier caso, su primera descripción científica data de 1783 y se la debemos al párroco de Montoro, D. Francisco José López de Cárdenas. La memoria que escribió puede consultarse gracias a la versión digital del Instituto Cervantes.

Como es un sitio que me gusta mucho, he estado por allí esta mañana haciendo unas cuantas fotos. Para llegar hasta ellas se debe tomar la carretera N-420 y coger el desvío que hay casi a la altura de Fuencaliente. Aunque el camino está algo accidentado, creo que cualquier turismo puede acceder sin problemas. Hay tres ramales: uno hacia las "lastras", otro hacia las pinturas de "la Batanera" y un tercero hacia Peña Escrita. Se llega conduciendo hasta el pie del cerro y luego hay una breve (pero empinada) subida a pie.

Vista de Peña Escrita desde el aparcamiento.
Las pinturas están situadas en un gran farallón de cuarcita, tan expuestas a las inclemencias del tiempo que parece mentira que hayan aguantado hasta hoy. Son una de las manifestaciones de arte rupestre más modernas que se conocen, pues solo tienen entre 3000 y 5000 años (a los bisontes de Altamira se les calcula unos 14.000). Están realizadas por civilizaciones neolíticas, por gentes de la Edad del Cobre y la Edad del Bronce, que ya practicaban la agricultura y la ganadería, que conocían la cerámica y la metalurgia. 

Este arte esquemático no tiene nada que ver con el espectacular naturalismo de Lascaux o Altamira. Es una pintura simbólica, que representa conceptos cuyo significado no entendemos. Sencillamente, no sabemos traducirlas; nos falta el contexto cultural para hacerlo. Es como si nuestra civilización se extinguiera y, en el futuro, un arqueólogo que no supiese nada del cristianismo viera una cruz. La vería, pero no tendría ni idea de lo que esas dos simples líneas perpendiculares suponían para la cultura que las dibujó. Pero esto no quiere decir que no podamos hacer hipótesis.

Vista general de los paneles 1, 2 y 3 los mejor conservados.

El abrigo se divide en varios paneles con pinturas, de los cuales los mejor conservados son el 1, 2 y 3. El panel 1 o de las "paridoras" es el más emblemático y espectacular. Este nombre se debe a la abundancia de figuras femeninas con las piernas abiertas (se distinguen fácilmente de las masculinas porque los órganos sexuales de ambos están muy marcados). Bajo una de ellas hay lo que parece el dibujo de un recién nacido (nº 1 en la foto de abajo, podéis pulsar para ampliarla. Lo mismo con todas las demás), pero esta interpretación no está nada clara. 

Panel 1 o de las "paridoras".
Algunas figuras tienen una especie de antenas, que podrían ser peinados o máscaras rituales. La abundancia de parejas ha llevado a algunos investigadores a proponer que Peña Escrita pudiera ser un lugar relacionado con la fertilidad, una especie de santuario donde irían a unirse las parejas, quizá mediante algún rito parecido al matrimonio.

Panel 2.
El panel 2 es más difícil de interpretar. En la foto de abajo se pueden distinguir, de izquierda a derecha dos "ramiformes" que se han interpretado como figuras humanas, aunque yo solo le veo parecido a la de la esquina inferior izquierda. En la parte derecha hay dos antropomorfos femeninos con cabeza triangular, que pueden ser ídolos.

Ramiformes e ídolos en el panel 2.
En este mismo panel hay unos curiosos símbolos tectiformes o "peines" (ver abajo), de los cuales se ha dicho que son el dibujo de un corral, de una manada de animales (por abstracción de las patas) o incluso sistemas de cuentas. En resumen: que no tenemos ni idea. Encima de uno de ellos se puede ver un antropomorfo en forma de "pi" griega. Lo de arriba del todo es un ídolo, aunque a mí me parece un animal con cuatro patas.

Panel 2: Tectiformes, antropomorfo en "pi" e ídolo en la parte superior.
El panel 3 consta de menos figuras, pero están muy bien conservadas y parecen más familiares. De arriba abajo se puede ver una mujer dibujada de forma muy abstracta (solo se le representa por sus órganos sexuales), bajo la cual hay un animal muerto (con las patas hacia arriba). Más abajo hay una pareja de hombre y mujer, a los que acompaña un animal: seguramente el perro doméstico. Por último, un símbolo solar, de sentido religioso.

Panel 3: Mujer, animal muerto, pareja con perro y sol.
El panel 4 tiene algunas figuras mejor conservadas que otras. En general, son antropomorfos. Me llama la atención el de la foto de abajo, en la esquina superior izquierda, que parece tener una máscara o un tocado muy grande en la cabeza. Justo debajo hay un ídolo oculado (porque tiene marcados dos grandes ojos) y un símbolo solar.

Panel 4: Antropomorfos e ídolos.

Las figuras del panel 0 no son muy visibles:

Panel 0.
En el pequeño panel 0' destaca la figura esquemática de un ciervo y, justo encima, un antropomorfo masculino. No se ven muy bien, pero bueno.

Panel 0': Ciervo y antropomorfo masculino.
Las pinturas del panel 5 no son visibles debido a que, en septiembre de 1991, Tomás, Ramón y algunos de sus amigos decidieron destrozarlas.

Panel 5: La cara de Matutano encima de las pinturas.

Lo mismo ocurre con el panel 6:

Los graffitis del panel 6.
Es de vergüenza que uno de los yacimientos de arte esquemático más importantes del mundo, Monumeno Nacional desde 1924, haya sido hecho polvo de esta manera. Ahora las pinturas tienen rejas para protegerlas de nosotros mismos. No de los pastores, ni de los agricultores ni de los cazadores, ni de todas esas generaciones que han pasado por aquí y han sabido respetarlas; sino de la gente de mi generación, la gente de los años 90, la que va a la escuela y se supone alfabetizada.

Las pinturas, protegidas de los seres humanos.

Pues nada, que vayáis a verlas, que son muy bonitas, no vaya a ser que cualquier mañana nos despertemos con la noticia de que también se han cargado los otros paneles. Pasaréis un buen día en plena naturaleza.

Vistas desde peña escrita: pinares de repoblación.

Para saber más, tenéis a vuestra disposición un libro completo en PDF, lleno de ilustraciones, con todas las pinturas rupestres del Valle de Alcudia y Sierra Madrona:

domingo, 19 de enero de 2014

Reapertura de Altamira

"Después de Altamira, todo es decadencia"
(Pablo Picasso)

Sala de los polícromos. (Fuente)
Nos enterábamos ayer en las noticias que va a iniciarse un programa experimental de visitas en la cueva de Altamira (Santillana del Mar, Cantabria), para ver cómo afecta la presencia humana a las condiciones de conservación de las pinturas. Serán visitas de 37 minutos, de seis personas a la semana: cinco elegidas al azar entre los visitantes del museo, más un guía. Todos tendrán que llevar guantes, mascarillas y ropa especial para no contaminar el entorno. Una vez concluido este programa, se estudiarán los resultados para valorar si la cueva puede volver a abrirse al público, eso sí, de forma restringida.

Hagamos un poco de Historia. Las pinturas de Altamira fueron descubiertas por Marcelino Sanz de Sautuola (o su hija, según se cuenta) en 1879. Por entonces, el estudio de la Prehistoria estaba todavía muy poco desarrollado y los especialistas no creían que los "hombres primitivos" pudieran ser capaces de crear algo tan espectacular. En consecuencia, las pinturas se tuvieron por una falsificación y Sanz de Sautuola murió en 1888 sin ver reconocido su descubrimiento.

La situación cambió pocos años después, gracias en parte al descubrimiento de pinturas similares en Francia asociadas a restos arqueológicos inequívocamente prehistóricos. La fecha "oficial" del reconocimiento de Altamira por la comunidad científica es 1902, año en que Cartailhac, uno de los más reputados arqueólogos de su tiempo publicaba el famoso artículo "La grotte d' Altamira. Mea culpa d'un sceptique" ("La cueva de Altamira. Mea culpa de un escéptico"), donde reconocía la autenticidad de las pinturas. Desde entonces, su popularidad no ha dejado de crecer.

Con el paso del tiempo se vio que la masiva afluencia de visitantes (hasta 170.000 personas al año en la década de los 70) era perjudicial para la conservación de las pinturas. Si estas se mantuvieron intactas durante 14.000 años (que es la edad estimada para los famosos "bisontes", aunque en la cueva hay representaciones más antiguas) fue gracias a un desprendimiento que se produjo hace 13.000 años en la entrada. Se creó así un entorno pobre en nutrientes y con poco contacto con la atmósfera exterior. Todos estos parámetros se desestabilizaron en el siglo XX: la cueva se abrió y acondicionó, se crearon infraestructuras en el interior y se iluminó con luz artificial. Las consecuencias negativas para las pinturas fueron:

1. Aumento de la temperatura, humedad y CO2 debido a la presencia humana. Esto acelera la condensación y la corrosión de las rocas.

2. Aparición de microorganismos fototróficos en la "Sala de los Polícromos" y colonizaciones microbianas y de hongos directamente sobre las pinturas.

La cueva se cerró al público en 1977 para evitar el deterioro. Posteriormente fue abierta de nuevo, aunque con visitas restringidas, y volvió a cerrarse en el año 2002. Desde entonces, el entorno de la cueva está permanentemente controlado. La idea del cierre es muy lógica: puesto que si la cueva permanece abierta, las pinturas corren el peligro de desaparecer, la cerramos hasta que se pueda garantizar su integridad. Para que la sociedad pudiera seguir disfrutando de ellas, se creó la "neocueva" en el Museo de Altamira, justo al lado de la cueva original, que reproduce fielmente las pinturas.

No obstante, en los últimos años se ha avivado el debate sobre su reapertura. Es una cuestión compleja: por un lado, el patrimonio histórico artístico es una herencia común que debe poder disfrutarse. Por otro, en este caso particular, las pinturas corren un serio riesgo de desaparición si se reabren. En mi opinión, la cueva debería permanecer cerrada el tiempo que haga falta hasta que los técnicos den con una solución definitiva al problema. Para los demás, está la neocueva, que costó una pasta y que es como estar en Altamira. Por supuesto, la visita al museo nunca podrá compararse a la emoción de estar cara a cara con los bisontes reales; pero en este caso, creo que la conservación debe estar por encima del disfrute. El patrimonio histórico-artístico no es nuestro. Al igual que ocurre con el medio ambiente, tenemos la obligación de conservarlo y pasarlo a las generaciones futuras en el mejor estado posible. Por eso, si con los conocimientos actuales no estamos capacitados para garantizar la conservación de las pinturas, la cueva debe permanecer cerrada.

Pero, me diréis, ¿no van a ser visitas experimentales? ¿No van a ir los afortunados ganadores con gorro, guantes, batas y mascarillas? Pues sí. En principio, parece razonable. Yo no tengo ninguna formación en este tema; pero la sensación de que algo huele a chamusquina se debe a que he oído más de una vez a Miguel Ángel Revilla (presidente de Cantabria hasta 2011) decir que las cuevas tenían que abrirse porque no se las podía enseñar a la gente importante que quería verlas. Aquí están sus enternecedoras palabras:
“Altamira es un activo del que no podemos desprendernos. Cada personalidad que viene a Cantabria quiere visitarla. Tuve que decirle que no podía en su día a Jacques Chirac y hace poco a Calderón, el de México. Que no, que no había manera, así por lo menos podemos hacerlo. Yo sugerí el otro día que hasta podíamos invitar a Obama. Lo importante es que el símbolo lo pueda ver alguien.” (Fuente)
Me parece que este párrafo resume a la perfección el mayor peligro que corre Altamira: el de que su gestión se haga pensando en el prestigio político o el beneficio económico. ¿No da escalofríos eso de considerar la cueva como un "activo"? Altamira es uno de los yacimientos rupestres más importantes del mundo. Como tal, da mucho dinero. Es normal que los políticos (y no solo ellos) quieran verla abierta. Pero, además, se ve claro nuestro provincianismo. ¿Que viene Obama y quiere ver las cuevas? Pues mire, es que no son suyas y no se puede. Además, sería socialmente injusto, sería volver a tiempos que ya creíamos superados, eso de que la cueva estuviera cerrada para la plebe y abierta para los elegidos.

En fin, que yo no sé. Lo mismo este "experimento" está totalmente justificado y las cuevas pueden volver a abrirse con todas las garantías. Si así fuese, yo sería el primero en apuntarme para verlas. Pero me escama, me escama porque un grupo de ocho investigadores publicaron en 2011 un artículo en la revista Nature desaconsejando su apertura, y no creo que las cosas hayan cambiado mucho de entonces a ahora. El artículo se titulaba, por cierto, "Arte paleolítico en peligro: política y ciencia enfrentadas en la cueva de Altamira" y en él se afirmaba que "las investigaciones muestran la necesidad de conservar la cueva manteniéndola cerrada en el futuro próximo". No se puede ser más explícito.

Me cuesta creer que no haya un interés político o económico detrás de esta iniciativa. Ojalá no, ojalá me equivoque. Los profesionales que están a cargo de la conservación del patrimonio me merecen toda la confianza; pero en este caso me da que el desencuentro entre política y ciencia es bastante probable.

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ACTUALIZACIÓN: Minutos después de publicar esta entrada, la página de Facebook del Museo de Altamira publicaba la siguiente información:

"Tras la reunión del Patronato celebrada ayer en el Museo de Altamira, se ha informado del inicio de la segunda fase del Programa de Investigación para la conservación preventiva y régimen de acceso de la cueva de Altamira. El objetivo de esta fase es analizar el impacto que la presencia humana puede tener sobre la conservación de sus pinturas, y por ello se prevé realizar visitas experimentales. En ningún caso se trata de una reapertura, tal y como está apareciendo en algunas noticias de prensa, y es una actuación que estaba prevista desde el inicio del Programa. Las visitas experimentales serán definidas por el equipo investigador, siguiendo un protocolo determinado que permita realizar las mediciones necesarias para el objetivo de la investigación. Estaremos encantados de contestar a todas vuestras dudas."

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La noticia de la reapertura, en la prensa:

sábado, 11 de enero de 2014

Poned sobre los campos...

Antonio Machado

Hoy, por ser sábado, os dejo uno de los "cantares" de Machado que más me gustan. Siempre he dicho que disfruto más con el canto de los pájaros que con una sinfonía, con las montañas que con el mejor de los museos. Y resulta que no estoy solo. Además, el poema es un canto a la contemplación frente al utilitarismo. Dice así:

Poned sobre los campos
un carbonero, un sabio y un poeta. 
Veréis cómo el poeta admira y calla, 
el sabio mira y piensa... 
Seguramente, el carbonero busca
las moras o las setas. 
Llevadlos al teatro
y sólo el carbonero no bosteza. 
Quien prefiere lo vivo a lo pintado
es el hombre que piensa, canta o sueña. 
El carbonero tiene
llena de fantasías la cabeza. 

lunes, 6 de enero de 2014

Regañando a Hölderlin

El objeto de mis iras.

Friedrich Hölderlin es uno de los totems del romanticismo alemán. Estaba yo esta tarde leyendo su Hiperión o el eremita en Grecia, en la excelente traducción (excelente para mí, que no tengo ni idea) de Jesús Munárriz, cuando me encuentro este párrafo, tan maravilloso que me dan ganas de coger el coche, irme a una montaña y declamarlo a los cuatro vientos. Es tal que así:
"Pero tú brillas todavía, sol del cielo! ¡Tú verdeas aún, sagrada tierra! Todavía van los ríos a dar en la mar y los árboles umbrosos susurran al mediodía. El placentero canto de la primavera acuna mis mortales pensamientos. La plenitud del mundo infinitamente vivo nutre y sacia con embriaguez mi indigente ser.
¡Feliz naturaleza! No sé lo que me pasa cuando alzo los ojos ante tu belleza, pero en las lágrimas que lloro ante ti, la bienamada de las bienamadas, hay toda la alegría del cielo. 
Todo mi ser calla y escucha cuando las dulces ondas del aire juegan en torno de mi pecho. Perdido en el inmenso azul, levanto a menudo los ojos al Éter y los inclino hacia el sagrado mar, y es como si un espíritu familiar me abriera los brazos, como si se disolviera el dolor de la soledad en la vida de la divinidad."

Yo, tras leer lo de arriba.

Por supuesto, después de leerlo entro en éxtasis y me veo cual viajero ante el mar de niebla de Friedrich (el pintor, se entiende). Pero ¡ay!, sigo leyendo y toda mi admiración desaparece. Atended:

"A menudo alcanzo esa cumbre, Belarmino. Pero un momento de reflexión basta para despeñarme de ella. Medito, y me encuentro como estaba antes, solo, con todos los dolores propios de la condición mortal, y el asilo de mi corazón, el mundo eternamente uno, desaparece; la naturaleza se cruza de brazos, y yo me encuentro ante ella como un extraño, y no la comprendo.
¡Ojalá no hubiera ido nunca a vuestras escuelas! La ciencia, a la que perseguí a través de las sombras, de la que esperaba, con la insensatez de la juventud, la confirmación de mis alegrías más puras, es la que me ha estropeado todo.
En vuestras escuelas es donde me volví tan razonable, donde aprendí a diferenciarme de manera fundamental de lo que me rodea; ahora estoy aislado entre la hermosura del mundo, he sido así expulsado del jardín de la naturaleza, donde crecía y florecía, y me agosto al sol del mediodía.
¡Oh, sí! El hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona, y cuando el entusiasmo desaparece, ahí se queda, como un hijo pródigo a quien el padre echó de casa, contemplando los miserables céntimos con que la compasión alivió su camino."
¡Qué manía con despreciar la ciencia! Junto con el nacionalismo, es lo que más odio de los románticos. Esas palabras bonitas, que inflan el espíritu, no esconden más que pensamiento reaccionario y anticientífico. Las escuelas que critica Hölderlin dieron al pueblo la capacidad de pensar por sí mismo y rebelarse contra la injusticia. Al contrario de lo que dice, la ciencia no nos expulsa del jardín de la naturaleza; sino que hace que lo disfrutemos más, porque somos capaces de conocerlo. 

El razonamiento es perverso: al volverse "razonable" en las escuelas, se aisló de "la hermosura del mundo". Valiente canto a la ignorancia. No puedo soportar esa reivindicación del conocimiento "intuitivo" que, por ciencia infusa, supera a la razón. Parece que fuera vergonzoso pensar. ¿Habéis leído? "La ciencia [...] es la que me ha estropeado todo."

Cuando se da paso al irracionalismo, se pueden justificar todo tipo de teorías, solo porque "lo sueño", porque "lo intuyo", porque "el hombre es un Dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona". Se equivocaba Hölderlin. El hombre es un Dios cuando reflexiona, porque la reflexión es lo que ha permitido que vivamos más, que combatamos las enfermedades, que comamos mejor, que seamos más libres, que no vivamos sometidos (o que, al menos, lo intentemos). Los sueños, sin embargo, se convierten fácilmente en pesadillas, en nombre de la nación, la religión o el Estado.

El afán por saber es lo que ha permitido progresar al ser humano. Si se desprecia la reflexión, surgen los monstruos. Además, creo firmemente que cuanto más se sabe, más se disfruta. Así que no, no me llevaré a Hölderlin a la montaña. Me llevo mejor a Goya:

"El sueño de la razón produce monstruos."

martes, 31 de diciembre de 2013

Reflexiones históricas de fin de año

(Pastora con su rebaño, Millet).

El principal problema con el que nos encontramos los historiadores es que nuestro objeto de estudio, que es el pasado, ya no existe. No podemos hacer experimentos con él, ni tocarlo, ni verlo, ni oírlo. Lo único que tenemos son los rastros que las sociedades humanas han dejado tras de sí: documentos, herramientas, nombres, restos materiales, paisajes. Con todo eso, tratamos de explicarnos, como decía Hobsbawm, por qué el pasado se ha transformado en presente. El reto no es pequeño y conlleva una gran responsabilidad: la sociedad conoce el pasado a través de los ojos de los historiadores. De alguna manera, somos los intérpretes de ese pasado. Es nuestra obligación ser honestos a la hora de construirlo. Suena muy postmoderno, pero es verdad. Puesto que el pasado no existe, lo único que puede conocerse de él son las (re)construcciones intelectuales que hacen los historiadores, desde un tiempo y unas preocupaciones que son las del 2013, no las del año 1000 ni las de 1931.

Ocurre, además, que los historiadores, por norma general, son seres humanos que estudian a otros humanos, cada uno con sus pasiones, sus odios, sus filias y sus fobias. No tratamos con hormigas, plantas o pájaros. Por eso, más allá del espejismo de la objetividad (que, para mí, no existe), se debe aspirar a la transparencia y al rigor metodológico. Es decir, explicarle al lector: yo le cuento esto desde estos principios teóricos, he usado estas fuentes, que cualquiera puede consultar, y he llegado a estas conclusiones. Ni más, ni menos.

El tema de los bienes comunales es muy proclive a la mistificación por parte de la persona que los estudia. Es muy fácil caer en ella, porque el relato es muy atractivo. Antes de las revoluciones burguesas, los habitantes de los pueblos disfrutaban de sus bienes comunales. En ellos podían llevar a pastar a sus animales, cultivar, cazar, recoger leña, plantas, setas. Formaban parte de la "economía moral de la multitud" que daban un respiro a las clases más bajas. Se integraban, además, en una economía agro-silvo-pastoril, en la cual la agricultura, la ganadería y el bosque eran interdependientes y se necesitaban mutuamente. En un tiempo sin abonos químicos, los animales fertilizaban el campo de cultivo y a la vez se alimentaban en los bosques y montes, que debían protegerse para la propia supervivencia del sistema. 

Con la llegada del capitalismo en el siglo XIX, este mundo se rompe. Los comunales se privatizan, se da paso a la iniciativa individual frente a la gestión colectiva y se rompe poco a poco el equilibrio ecológico. Cuando lleguen los abonos químicos (ya en el siglo XX), el sistema agrario tradicional se derrumbará completamente, puesto que los cultivos ya no serían por más tiempo dependientes de las deposiciones animales. Por otro lado, se mercantilizan los recursos del monte, las relaciones de mercado se introducen en el mundo rural y los campesinos perdían la posibilidad de completar sus economías con lo que recolectaban de forma más o menos gratuita. Millones de hectáreas de montes públicos pasaron a manos privadas y tuvo lugar una gran "catástrofe ecológica" debido a la masiva deforestación y a la conversión de muchos terrenos de monte en campos de cultivo.

En un mundo como el nuestro, con la profunda crisis económica y ecológica que atravesamos (y quizá la ecológica sea la más profunda), es muy fácil volver los ojos a ese pasado e idealizarlo, construir el relato de una "Arcadia feliz" de usos comunales, sencillez y armonía con la naturaleza; un mundo que se habría visto arrasado por la llegada del capitalismo y cuyas consecuencias aún estaríamos viviendo. Sin embargo, esa imagen se desvanece a poco que profundicemos. Cada sociedad se enfrenta a sus propios problemas y ha tenido distintas formas de solucionarlos.

En primer lugar, hay que tener presente la miseria en que vivía la mayor parte de la sociedad rural hasta hace pocas décadas. La época dorada de los comunales fue también la época del feudalismo, una sociedad donde el privilegio era ley, donde las personas eran desiguales por nacimiento. La población vivía sujeta a las exacciones fiscales de nobleza, Iglesia y Corona, que eran los estamentos dominantes. Por eso los comunales eran a la vez consuelo de las economías campesinas y colchón de inquietudes sociales: la miseria en la que vivía la mayoría de las personas (y su potencial de desencadenar un conflicto social) se mitigaba, en parte, gracias a la "economía moral" del comunal.

Por otra parte, acceso comunal nunca quiso decir acceso igualitario. Los que más tenían eran los que más disfrutaban. Quien tenía mil ovejas se aprovechaba más que quien no tenía ninguna. Además, puesto que las oligarquías controlaban los Ayuntamientos, en muchas ocasiones el comunal estaba bien controlado por los privilegiados.

Si nos fijamos en factores más coyunturales, se puede observar un sostenido crecimiento poblacional desde mediados del siglo XVIII. En una época de agricultura tradicional, la única manera de alimentar a más población era cultivar más terreno. En este sentido, la agricultura extensiva, el comerle terreno al monte o a los terrenos incultos en general (con la deforestación y pérdida de biodiversidad que ello supuso) fue el único recurso para sostener el crecimiento. Puesto que la mayoría de las tierras eran de "manos muertas", es decir, que no podían comprarse ni venderse, y estaban en manos de Iglesia, nobleza y municipios, la solución que propusieron los revolucionarios liberales fue privatizar esas tierras, lanzarlas al mercado y hacerlas productivas (con todas las cautelas que nos pueda merecer hoy esta palabra). 

Hoy podemos discutir si esa fue la opción más adecuada o había otras, si las consecuencias aquel proceso han sido más negativas que positivas; pero la tarea de un historiador es comprender por qué nuestros antepasados actuaron así y no de otra manera. El capitalismo trajo nuevas desigualdades, sustituyó el privilegio de nacimiento por el privilegio del dinero, privatizó millones de hectáreas de monte y ha creado, a la larga, un gravísimo problema ecológico. Pero eso son problemas de nuestro tiempo. La respuesta tiene que darse mirando hacia el futuro y no hacia el pasado. En cualquier caso, la solución nunca puede ser añorar un tiempo invadido de miseria.  Creo que la Historia puede servir para saber cómo hemos llegado hasta aquí, por qué el comunal se ha mantenido en algunos sitios y en otros no, para comprender las raíces ecológicas, sociales y políticas de los problemas actuales. Pero siempre como un trampolín para resolver los retos del futuro con nuevas herramientas, no para proyectar hacia el pasado los dilemas de nuestra sociedad.